Café VeLimud: Una iniciativa de estudio entre mujeres

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La Hermandad Femenina KSI (Sisterhood) fue fundada en el año1932 como una agrupación de mujeres de la congregación Kol Shearith Israel, siguiendo el modelo de las sinagogas reformistas. La sinagoga Kol Shearith Israel fundada en 1876 por judíos sefaraditas que llegaron a Panamá provenientes del Caribe, se asocia al movimiento reformista por los años 20 del siglo pasado. Recién en el año 2002 la comunidad contrató al primer rabino latino, de habla hispana y perteneciente al movimiento conservador. Aunque continúa con su afiliación formal al movimiento reformista, la comunidad, al ser la única sinagoga no ortodoxa de la ciudad, redefinió sus parámetros ubicándose un poco más cerca de la tradición.

En este marco, el brazo femenino que por más de 80 años se ocupó de aspectos organizativos y logísticos de la sinagoga, como celebración de fiestas judías, eventos sociales, cocina, mantenimiento del edificio, y proyectos de tzedaká, debió encontrar su lugar a partir de la nueva realidad social de las mujeres, por su acceso al trabajo, su situación económica, y más.

En ese contexto fue que me presentaron la idea de preparar clases para mujeres. Comencé, entonces, a elaborar una propuesta de estudios que, además, sea un marco para socializar y aportar a la vida comunitaria. La idea era que las mujeres de la comunidad pudieran sentirse parte plena de una tradición milenaria de mujeres que dieron vida y significado a nuestro pueblo, desarrollando espacios de estudio y liderazgo.

Si dirigimos nuestra mirada hacia atrás es posible ver que el estudio de textos sagrados por mujeres no siempre fue aceptado de manera natural.

Leemos en el Talmud de Babilonia (Shabat 62a)  “las mujeres son un pueblo separado”. A pesar de la visión igualitaria de la creación humana que se encuentra en el primer capítulo del Génesis –en el que tanto el hombre como la mujer parecen compartir por igual la imagen divina–, la tradición rabínica se siente mucho más cómoda con la visión del segunda capítulo del Génesis. Según esta visión, las mujeres son una concepción secundaria, inalterablemente ajena a los hombres y más alejada de la imagen divina, tal como lo demuestra la historia de la creación de Eva.

Esta certeza del lugar auxiliar de la mujer en el esquema de las cosas, impregna parte del pensamiento rabínico, y los sabios que produjeron la literatura rabínica, asignaron, en consecuencia, esferas y responsabilidades separadas a mujeres y hombres. De esta manera, confinaron a las mujeres y sus actividades a los ámbitos privados del mundo, la familia y sus preocupaciones particulares.

Siempre que las mujeres satisficieran las expectativas de los hombres en sus funciones asignadas, eran reverenciadas y honradas por mejorar la vida de sus familias y, en particular, por permitir que sus parientes varones cumplieran con sus obligaciones religiosas.

Como relata el Talmud de Babilonia, (Berajot 17a) las mujeres ganan méritos “enviando a sus hijos a leer Torá en la sinagoga, y a sus maridos a estudiar en las escuelas de los rabinos, y esperando a sus maridos hasta que regresen de las escuelas de los rabinos”. Sin embargo, los textos rabínicos también tienen ejemplos donde el estudio les dio a las mujeres un lugar diferente. “Correctamente lo dijo Bruria” dice la Tosefta (Kelim Baba Metzia 1:6)

Se cuenta de Bruria quien vivió en el siglo II E.C., hija de Rabi Janina Ben Teradion y esposa de Rabi Meir, aprendía más de 300 preguntas de halajá por día y sus opiniones halájicas fueros aceptadas como ley. Bruria es una inspiración para alentar a las mujeres en el estudio.

Hoy día, en nuestras comunidades las mujeres se ganan el derecho a ser parte activa del dialogo de la tradición cuando estudian. En sus escritos, el Rabino David Hartman (z”l) invita a todos a ser parte de la tradición interpretativa y para eso se debe estudiar dialogando con los textos de manera respetuosa. Al traer las voces de las mujeres que hablaron en el pasado, unidas a las nuestras, lograremos que esas conversaciones formen parte de nuestra herencia religiosa.

Ser parte de una comunidad interpretativa exige un compromiso, debemos prepararnos, debemos estudiar. Nuestra formación comienza participando de la historia de una Comunidad que estuvo presente en el monte Sinaí. Según la tradición, todos (también las mujeres) fuimos parte la revelación. Creer en la eternidad del pacto que tuvo Dios con nuestros ancestros, implica comprometerse y estudiar.

El espacio Café veLimud, un encuentro mensual en pequeños grupos de mujeres, en casas de familias o en el centro comunitario, invita a sus participantes a ser parte del dialogo y de una comunidad que estudia. Historias de mujeres, el ciclo de vida y la vida judía, relatos bíblicos, temas de tradiciones, y las leyes, son los diferentes aspectos que se abordan. Encontrar el lugar para crecer y fortalecer nuestra identidad es parte esencial de este proyecto.

La Educación Judía pretende renovar la discusión que ha definido al judaísmo los últimos dos mil años y debe facultar a las personas para que participen en esta discusión. Para que sentirse intelectualmente libres de comprometerse y discutir con la tradición, es necesario prepararse, y esa es nuestra misión como mujeres modernas que forman parte de una congregación judía vibrante. Digamos Shehejeianu celebrando la belleza de las voces de las mujeres que comparten un espacio de aprendizaje y conocimiento judío.