Cruzando campos: tendiendo puentes entre la didáctica de las lenguas y la educación judía

Cuando recibí la aprobación para presentar mi trabajo en la Universidad Hebrea de Jerusalén, en el marco de la conferencia Identidad y pertenencia en la educación judía contemporánea, mi entusiasmo estuvo acompañado por una sensación conocida: el síndrome del impostor. ¿Y si mi formación académica no era suficiente para considerarme parte del campo de la educación judía? ¿Y si mi tema de investigación no encajaba con las demás contribuciones?
Mi tesis doctoral se centra en las perspectivas de los niños respecto de la política lingüística de sus propias escuelas. Aunque esta investigación se desarrolla en una escuela primaria judía, y aunque desde hace mucho tiempo participo en programas para jóvenes y niños en diversas comunidades judías de Alemania, mi formación académica original proviene de otro ámbito: soy docente de educación primaria, especializada en la enseñanza del alemán y del inglés.
Sin embargo, durante mi investigación, especialmente a lo largo de la recolección de datos, comprendí que mi formación no constituía un obstáculo. Por el contrario, los métodos que adapté del campo de la didáctica de las lenguas y de la lingüística aplicada abrieron nuevas posibilidades para investigar dentro de contextos educativos judíos.
Quien investigue en el ámbito de la educación judía se encontrará inevitablemente con cuestiones relacionadas con el lenguaje. Si bien la atención suele dirigirse en primer lugar al hebreo, así como a otras lenguas judías como el ídish o el ladino, también deben tenerse en cuenta las lenguas de herencia habladas por muchos niños de la diáspora. Esta cuestión ha sido abordada, entre otros, en los trabajos de investigadoras como Sharon Avni, Mila Schwartz y Elana Shohamy.
La enseñanza y la didáctica de las lenguas en la educación primaria ofrecen una amplia variedad de enfoques metodológicos que pueden ayudar a visibilizar la importancia y la estructura de las lenguas habladas por los propios niños, así como posibilitar conversaciones sobre temas lingüísticos complejos de una manera adecuada para su edad.
Un ejemplo es el uso de los retratos lingüísticos, un método asociado frecuentemente con Ingrid Gogolin, Ursula Neumann o Hans-Jürgen Krumm. En esta actividad, se invita a los niños a dibujar o escribir “sus” lenguas dentro del contorno de una silueta humana, lo que permite a investigadores o educadores explorar qué lenguas asocian con su corazón, su mente, sus piernas u otras partes de su cuerpo.
Otros enfoques incluyen el trabajo con biografías lingüísticas o el uso de libros ilustrados —también multilingües— como disparadores de conversaciones entre los niños. Estos métodos pueden alentarlos a reflexionar sobre preguntas como: ¿qué lugar ocupa el hebreo en mi vida cotidiana y qué siento hacia él? ¿Qué lugar ocupa mi lengua familiar o de herencia? ¿Qué conecta a estas lenguas y qué las diferencia?
Los campos de la didáctica de las lenguas y de la lingüística aplicada también ofrecen métodos que permiten a los niños trabajar no solo con sus propios repertorios lingüísticos, sino también con los entornos lingüísticos —judíos, en este caso— que los rodean. Un enfoque particularmente interesante es el del paisaje lingüístico, que también puede aplicarse en comunidades judías, escuelas, campamentos de verano y otros espacios judíos.
La investigación sobre paisaje lingüístico examina la visibilidad y el uso de las lenguas en los espacios públicos, incluidos carteles, afiches, anuncios y documentos oficiales. Los signos lingüísticos se fotografían, documentan y analizan sistemáticamente con el objetivo de obtener información sobre el multilingüismo, las identidades lingüísticas y las relaciones de poder. Esto puede observarse, por ejemplo, a través de las relaciones entre distintas lenguas o de los espacios y la frecuencia con que aparecen.
Un enfoque relacionado, conocido como paisaje lingüístico virtual, se centra en la representación de las lenguas en entornos digitales, como los sitios web. En investigaciones anteriores, este método me permitió profundizar mi comprensión de las políticas lingüísticas oficiales de las escuelas primarias judías de Alemania. Me ofreció una primera aproximación a la manera en que estas instituciones se conciben y se presentan a sí mismas, revelando un fuerte énfasis en el hebreo junto con una orientación internacional representada mediante el uso del inglés.
Estos métodos también tienen el potencial de abrir debates sobre el propio concepto de lengua. Esto resulta especialmente relevante en el contexto de la diáspora, donde las prácticas lingüísticas suelen implicar mezclas de lenguas o alternancia de códigos (code-switching), en lugar de lenguas claramente separadas entre sí.
Todos estos ejemplos muestran por qué valoro profundamente el trabajo y la investigación en el campo de la educación judía y por qué algunos de nosotros podemos experimentar, ocasionalmente, el síndrome del impostor. La educación judía se apoya en la interdisciplinariedad y se enriquece gracias a ella: a partir de cruces y diferencias, así como del aprendizaje mutuo. Está moldeada por la combinación y los aportes de numerosos campos, como la historia, la religión, la lengua, la pedagogía y muchos otros.
En última instancia, la educación judía se asemeja al propio judaísmo: es diversa, vibrante y dinámica. Por eso, nuestra manera de abordar la investigación debería seguir abierta a la innovación y a las colaboraciones interdisciplinarias.








