Especialmente ahora: el contexto de guerra como catalizador de mi experiencia en Israel | Maestría internacional en Educación

Especialmente ahora: el contexto de guerra como catalizador de mi experiencia en Israel

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A mediados de 2023 se confirmó que sería becaria de la Maestría Internacional en Educación de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y supe que ese sería un punto de inflexión en mi vida. Como estudiante argentina, lo que más anhelaba era vivenciar el semestre presencial de verano en Israel, que incluía recorridos educativos y recreativos en distintos puntos del país. No obstante, el 7 de octubre, día en que aconteció la mayor barbarie desde el Holocausto, transformó la situación por completo. Debido al complejo escenario, supuse que viajar especialmente ahora implicaría una experiencia un tanto perjudicada; sin embargo, descubrí que el contexto de guerra resultó ser un catalizador para aprender y contribuir de maneras inesperadas.

Este año, la Universidad Hebrea organizó un itinerario enfocado en destinos inexorablemente ligados a dicho contexto. Por un lado fuimos al Otef Azza, la región que comprende las comunidades del sudoeste, y por el otro, Tel Aviv y su paisaje simbólico. Como estudiante, tenía gran expectativa por contemplar estos sitios con mis propios ojos. Como educadora, en cambio, sentía una responsabilidad aún mayor, pues luego transmitiría mi experiencia a quienes quizá no tendrían la oportunidad de experimentarla de primera mano.

En primer lugar, visitamos Shvil Hasalat, una aldea agrícola que luego del 7/10 quedó prácticamente deshabitada. Allí nos recibió un residente, que pese a todo, decidió no abandonar su labor. Enseguida, nos mostró una plantación de tomates a punto de echarse a perder debido a la ausencia de mano de obra. Fue entonces cuando decidimos calzarnos los guantes y trabajar en la cosecha. A pesar del calor y el cansancio, la experiencia resultó ser profundamente gratificante, y con esta pequeña contribución, mi corazón se llenó  de emoción y gratitud.

Luego, continuamos viaje a Sderot, la ciudad israelí más cercana a la Franja de Gaza. Allí, una sobreviviente compartió su testimonio en el que su padre herido fue salvado por un héroe que, en medio de los ataques, tomó su auto y socorrió a decenas de vecinos, justo antes de ser asesinado. Al despedirnos, nos solicitó que difundamos su mensaje para que el mundo sepa sobre lo ocurrido, y para que no se repita nunca más. Motivada por esta consigna, comencé a registrar cada uno de los relatos que llegaron a mis oídos. Por ejemplo, el de un hombre que de pronto se convirtió en el orgulloso abuelo de dos niños que quedaron huérfanos ese fatídico día.

Más tarde llegamos al bosque de Reim, lugar de la masacre del festival de música electrónica, hoy convertido en un espacio para la memoria. De golpe, el abrumador silencio se vio interrumpido por estruendos provenientes de una base militar, y tomé conciencia de que la guerra no había terminado. Fue en ese instante cuando divisé un grupo de jóvenes que formaron una ronda, y abrazados, comenzaron a entonar cánticos tradicionales del pueblo judío. Poco a poco, más personas se fueron sumando, y sentí que la unión era palpable. Finalmente, todos juntos exclamamos ¡Am Israel Jai! (el pueblo de Israel vive), reafirmando nuestra identidad judía.

En Tel Aviv, recorrimos el museo del pueblo judío “Anu”, cuya exhibición “7 de octubre” incluye producciones de artistas sobrevivientes, y también de otros secuestrados o asesinados. En una de las galerías se destaca un cuadro con el lienzo perforado por las balas de los terroristas. En otra sala, se proyecta un video que combina fotos documentales con canciones que se han vuelto éxitos nacionales en medio de la guerra. Este fenómeno de la industria musical es producto de la imperiosa necesidad de procesar el trauma colectivo. Desde entonces, esa es la música que escucho y comparto con quienes también precisan vislumbrar la sanación.

El último hito de nuestro trayecto fue Kikar Hajatufim, la plaza de los secuestrados, ubicada frente al museo. Allí contemplé la famosa mesa con sillas vacías que simboliza la ausencia de los cautivos. A pocos metros, se encuentra la réplica de un túnel de Hamas que mediante una simulación permite experimentar las terribles condiciones del mismo. Por su parte, con el objeto de recaudar fondos, el Foro de las Familias de Rehenes dispuso stands para la venta de artículos alusivos. A fin de cooperar con la organización, compré las populares cintas amarillas para distribuirlas a mi vuelta, y así, continuar apoyando la causa desde la diáspora.

Lo que inicialmente parecía ser una experiencia limitada por la guerra, se transformó en una serie de oportunidades para aprender y contribuir de manera significativa. Acciones como trabajar la tierra, difundir testimonios, clamar por la unión, compartir música, o comprar insignias, hicieron la diferencia. Como resultado, fortalecí mi conexión con Israel, reafirmé mi identidad, y afiancé mi compromiso con la educación en general, y la educación judía en particular. Sin duda, todo esto fue posible gracias al hecho de haber emprendido esta aventura Especialmente Ahora.

 

 

Romina Fur es estudiante becaria de la Maestría Internacional del Centro Melton, trabaja en la Escuela Marc Chagall, en Buenos Aires, Argentina.

 

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